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lunes, 27 de octubre de 2014

Pobreza del alma.

                Tiempos atrás… -aun sin ser capaz de precisar cuánto exactamente- bien puede que diez, quince y hasta veinte años… momento exacto en el que se sincronizaban consecuentemente  las secuelas concebidas  por el bloqueo del imperialismo norte americano, implantado desde Octubre de 1960, a nuestra Llave del Golfo; comenzaba el bien conocido Período Especial –ese que de especial, claro está, no tuvo nada-. Y consigo, los problemas económicos, los altos precios del petróleo y como es de esperar, aun sin mandarnos a correr, llegaron los venditos apagones.
              
                Los famosos y honorables apagones. Puede que hasta haya alguien para quien se le torne insoportable el revivir las anécdotas de aquél entonces. En mi caso, particularmente, me diluvian a retazos miles de vivencias… vivencias que por crudas y realistas que fuesen, no quisiera llegar a olvidar.
                                   
                        Porque si, vivencias al fin y al cabo, son todas muy parte de lo que somos hoy en día. Aun con 28 años no consigo olvidar los gritos –Joooder, que mi niño se despierta, Dany entra a  casa que está oscuro y te lleva el hombre del saco –ante lo que alegaba Peter Pan vendría a salvarme-, nooo, no corrasss!!! que en lo oscuro tropiezas y te me rompes los huesitos- de mi Mima, la misma que mientras yo dormía, en pleno apagón, salía corriendo en busca de una libreta, un periódico o cualquiera de sus semejantes para disipar –oscilantemente- las altas temperaturas que me hacían despertar.
                                    
                          A esas alturas de la noche, mientras despertaba, ya todos en el barrio andaban sentados en sus portales buscando quién sabe qué… tal vez una corriente de aire para espantar  el calor, alguna que otra palabra en  labios de los vecinos para abreviarle la existencia al aburrimiento, madres o abuelitas corriendo detrás de sus críos para evitarles magulladuras y sufrimientos innecesarios…
                                   
                          (…)
                                    
                          Pero los años han pasado y aunque hay quien dice que los tiempos cambian, más las preferencias de generaciones son las mismas, yo particularmente he sentido un inmenso vacío en mi interior. Anoche en mi barrio se fue la luz y para cuando salí a ventilar un poco mis pulmones, me encontré con la gran decepción de que no había abuelitas llamando a sus nietos, porque ya no había niños jugando a los escondidos o tocando puertas y mandándose a correr, que ya los mayores no se preocupaban por conversar  y que el tiempo de anécdotas era simplemente un puñado de polvo en el viento. De repente mis ojos se encandilaban al ver el vecindario iluminado, tal cual, para entonces el vacío se intensifica al no escuchar a ningún chico, corriendo despavorido… gritando -como si no le cupiese la voz en el pecho- un desgarrador:    “Vino la Luzzzzzzz”

2 comentarios:

  1. Cuántas vivencias aquellas...

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    1. así mismo... no dejo de recordar esos pequeños instantes en los que todo aparentaba ser perfecto. Niños al fin... bastaban unos dulces, un puñado de sonrisas y un chorro de abrazos para ser felices.

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