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lunes, 27 de octubre de 2014

Soñar no cuesta nada…

                Soñar no cuesta nada… según, tal cual se repiten muchos por ahí. Como si todo dependiese de irnos a la cama y sasss, se acabó. Yo por aquí discrepo en lo absoluto con lo anteriormente descrito. Mis sueños bien hasta podrían ser patentizados del mismo modo que lo son aquellos grandes proyectos, catapultados por ingeniosas preguntas y muchísimos años de consagración.
                  
               Porque para serles sincero, –aquí, entre nosotros, a pequeña y gran escala- detesto regalarle tiempo al tiempo para perder el tiempo durmiendo. Y de no ser porque el cerebro genera toxinas que desafortunadamente, solo pueden ser liberadas a través del dormir, -de ahí el sin fin de efectos secundarios que trae consigo la mala higiene del sueño- andaría pero que bien despierto, -con piernas cruzadas, invadiendo la privacidad de cuanto libro se me pase por delante- cuarentaiocho horas de las veinticuatros que tiene el día.
                 
                      Desde temprana edad eran excesivos los: Adanys, ya estar de y mañana tienes que levantarte temprano para ir a la escuela… entonces llegaban los exámenes y en pleno tratado de paz con el Insomnio, me hartaba de café hasta empatar un día con el otro, y así, se me pasaban las semanas. Más como de toda amarga experiencia hay algo a lo que sacar provecho, le estoy inmensamente agradecido a tantas horas de estudio e insomnio, por esta adicción al CAFÉ, con la que –como Sabina- quisiera morirme con ella si se mata, o matarme con ella si se muere.
                 
                     Para entonces, eran puras obligaciones el dormir poco y consumir apuntes como polillas. Hoy en cambio, teniendo en cuenta que el hábito hace al monje, ya sin presión de por medio ni Tic-Tac del cual vivir pendiente, me paso hasta las tantas de la noche repasando sucesos, contemplando los por qué?, optimizando tiempo, re-evaluando mi presente, percibiendo y arrancando Baobabs, contemplando estrellas por si casualmente asoma el Principito, leyendo y formulando historias –unas muy nuestras y otras no tanto-. Nada, que el día que más temprano me acuesto lo hago consiente, de que a lo sumo, tendré apenas cuatro horas para dormir… Por eso entre otras miles de razones, al famoso: “Soñar no cuesta nada”, me gustaría añadirle un apéndice: “Siempre y cuando, te guste dormir…”

4 comentarios:

  1. oyeeeeeeeeeeeeee!!! qué trabajo para comentar en tu blog... hay que subirlo como 3 veces... suerte la paciencia benedictina que tengo!!
    dormir.... zzzzz.... ojalá me gustara dormir, para hacerlo más sencillo...pero también soy una insomne crónica... eso tendré tratamiento?? el 1ro que lo encuentre lo socializa con el otro, ¿sí?

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    1. No te preocupes... que de tenerla y ser yo quien la encuentre serás la primera a quien se la comparta. Espero que te sea más fácil la entrada al sitio y el comentar por esta vía. Abrazos.

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  2. Eso quiere decir que no te quedarás dormido y así el café será a tu gusto. De cualquier manera soñar también puede hacerse despierto. Aprovecha y hazlo cada vez que puedas, mis cariños y te deseo un feliz día

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    1. No te preocupes amiga… desde entonces no me perdono el continuar durmiendo cuando el aroma del café me saca de las sabanas. Igual… en los últimos días la sonrisa de una diosa –esa que del mismo modo prepara un café al que me he vuelvo adicto sin previo aviso- apenas me deja pegar ojos mientras le cuestiono constantemente al tiempo que fluya con tanta prisa cuando estemos juntos y demore infinitamente cuando no le tengo cerca. Abrazos miles...

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