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martes, 28 de octubre de 2014

Zorra y puta.


                 Ayer… mientras todos reflexionaban y reían entre chistes y paradojas, yo permanecía –en plena declaración de amor- ahí, frente a Maruja sin decir una palabra. No era para menos, ella continuaba tan hermosa y encantadora como siempre… más como siempre, no dejaba de contemplarme con aquella pícara mirada que advertía un “ni te atrevas”.
               
                El silencio comenzaba a hacer de las suyas apoderándose del entorno, las miradas se intensificaban cuando ya sin la ínfima gota de esperanza, advierto que se me acerca inclinando su rostro sin dejarme otra opción que responderle con una caricia –para entonces, creo que la primera y la última-. Pues entre tanta euforia me lanzo en el intento de advertir a los amigos, que ya estaban al corriente y perplejos en medio de aquella escena… cuando ella se me lanza encima en un estrepitoso picotear. El padre, como suele hacerse llamar, entre tanta risa solo atinaba a comentarme: “cuando yo lo digo, esa, es zorra y puta”.
              
                         Aun nadie se podía creer aquello… incluso yo, continuaba sospechando que todo fuese  parte de mi imaginación o secuela de ese trago de cerveza, hasta el momento no consumido. Pero nadie paraba de reír y mi dedo índice  dejaba claro que Maruja –la cotorra de la familia- sí que me había picoteado el dedo luego de haberme dado el piojito.

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