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lunes, 6 de julio de 2015

De tanto pensarle...




           Hoy… pretérito imperfecto para cuando me leen y nunca antes mejor dicho si de imperfecciones hablamos… son varios los que llegan para reprocharme la ausencia de letras a la orilla de esta mar que es tan mía como de todos los que se acercan en busca de aire fresco. 

          A estas alturas intentar justificar mi ausencia sería comenzar a prostituir mi carácter… tal cual nos advierte en su debido momento nuestro apóstol nacional. Lo complejo es que cada pretexto es tan real y palpable como la realidad que nos circunda.  No creo que valga de mucho culpar al tiempo que no tengo para sentarme, al insomnio adormentado en las esquinas o bien a la musa escondida quién sabe dónde.

         Basta de culpar y buscar pretextos que ni nosotros mismos somos capaces de creer. Andar de un lugar a otro sin saber lo que se busca no da solución a nuestros problemas. Como tampoco veo fiable el margen de error bajo el cual palabra frasean muchos  el tan manoseado ¨quien busca encuentra¨.  Así… sin más… como si estuviésemos destinados a vivir una vida de arqueólogos –y no con ello menospreciando lo valioso que resulta- desesperados porque hay quien dice por ahí que a la vuelta de la esquina siempre hay algo mejor.  

         Son muchos los que subjetivamente desperdician las veinticuatro horas de cada día recorriendo una y otra vez el mismo sitio. Pero sin ser capaces de percibir cuánto dejan escapar a cada paso por vivir pendientes de algo que no llega. Afortunadamente todo en la vida tiene su tonalidad y aunque nos duela aceptarlo… el gris también es un color. Solo necesitamos despertar en las mañanas ansiosos de tropezar con todo lo bueno que generalmente nos depara la vida y no somos capaces de percibir por andar hurgando en las mil musarañas mientras nos quejamos de lo que nos pasa o bien nos deja de pasar. 

          El color gris igual tiene su peculiaridad… o que tire entonces la primera piedra aquel que no haya tenido el inmenso placer de compartir una tarde invernal en los brazos de la mitad de esa naranja que puede no ser del diámetro perfecto, pero  que mitad es al fin y al cabo… aquel que no se haya detenido en la inmensidad tangible de la noche a contar estrellas o regalar alguna como si en ello le fuese la mitad más preciada de la vida. Como bien nos anuncia Liuba María Hevia… a las cosas que son feas… pongámosle un poco de amor.

         Desde luego… es ahí entonces cuando comienzan a surgir los inconvenientes y cada jornada invernal tiende a convertirse en el verdugo que marginaliza nuestros días o bien estas noches veraniegas donde tiritamos de frío en ausencia de un abrazo, un roce, una caricia. La ilusión comienza a tocarnos a la puerta y bien existe el caso en el que como yo… no dejamos de cuestionarnos el atraer la atención de alguien con tan solo pensarle.
        
         Y es precisamente entonces cuando se ausentan las palabras desprovista de vivencias… aunque a cada rato me pase contemplando que fue justamente a la orilla de esta mar donde por última vez le tuve cerca. Llevo semanas intentando tropezar con las palabras o bien deseando que sean ellas las que tropiecen conmigo. Siempre sin saber cómo ni cuándo termino pensándole y sin silaba alguna de por medio.

         Aun  los médicos no logran identificar la infección que se oculta tras estos síntomas pero obviamente el no encontrarle cerca me hace extrañarle más de lo habitual. Y vivo preguntándome entonces: ¿dónde estará?, ¿qué estará haciendo?, ¿pensará -aunque pueda que no precisamente con la misma intensidad-  acaso en mí? No lo sé… lo cierto es que vivo planteándome incógnitas imposibles de responder. Pero le pienso… le pienso tanto que a veces, hasta sin querer me cuestiono el poder llamar su atención desde la distancia con tan solo pensarle con todo mi yo. 

         ¿Existirá acaso la posibilidad de poder captar la atención de alguien mientras vivimos todo el día pensándole tras encontrar residuos suyos en cada sitio por donde pasamos, tal cual sucede con esa mirada que muchos dicen “PESA”? No lo sé… mientras lo intento me paso de cuando en vez por esta orilla donde escasean las palabras y sobran los deseos de encontrarle.

            Hoy es uno de esos días en los que termino comprendiendo lo importante que resulta saber lo que tenemos antes de perderlo. Lo digo no precisamente porque le haya tenido antes y por descuido o intransigencia le haya dejado escapar. Sino que por el contrario… hemos compartido como buenos amigos ciento –sin tener la oportunidad de recorrer juntos el mundo por un mínimo incremento- ochenta de los trescientos sesenta y cinco días del año  en los que resultaba normal el encontrarle periódicamente transcurrido el tercer cuarto del día y en donde su compañía continuaba siendo la de alguien más. 

            Solo eso… una Zorra más entre otros tantos Principitos!!! Pero llegó, llegó… y sin previo aviso ni consentir emprendió a domesticarme. Se sentó y esperó paciente mientras ya sin saberlo comenzaba a necesitarle... tanto como para apreciar que la vida tiene un sentido.  Aprovechó cada instante para fortalecer las ligaduras que ya existían y otras miles  creadas todas a  sus antojos. Hasta el momento nada parecía palpable… hoy la realidad se encarga de tocarme a la puerta y recordarme que ella existe… que en algún lugar de los 109.884 km²  de área total con las que cuenta nuestra isla de ron y tabaco, hay alguien a quien comienzo a necesitar más que a mí mismo y que con suerte notará cuánto le extraño de tanto pensarle.




                 
                 

2 comentarios:

  1. ¡Te encontré!, como siempre me encantó. En efecto: lo esencial no puede seguir siendo invisible a los ojos, así es que lo conseguirás, estoy segura, y fíjate en algo, a veces no logramos las cosas y cuando las sustituimos nos damos cuenta de que fue lo mejor y hasta no alegramos!!!! Hay mucho calor y este fresco a la Orilla de tu-mi Mar me hizo muy bien. Feliz día!!!

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    1. Desde luego… como siempre logras encontrarme y me enorgullece muchísimo el que lo hagas. Siempre te las ingenias para llegar y refrescar con tus huellas tanto como la brisa que bien puede que despeine a Pilar y a todo al que por estas orillas se acerque. Lamentablemente continuamos viviendo en una sociedad que se rige por principios materialista y donde lo esencial continúa siendo invisible a los ojos. Pero me alegra… me alegra encontrar a cada paso persona con principios que creía ya extintos…

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