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miércoles, 5 de agosto de 2015

Deseando encontrarle cerca.




             Despierto deseando encontrarle cerca… junto a cada susurro… cada beso… cada caricia. Quizás con mi alma entre sus piernas y este palpitar irreprimible propulsando la respiración entrecortada que surge de improviso donde todo parece perfecto.  Convencida está de cuanto le deseo… de cuan palpable es esta realidad en la que cierro los ojos para soñarle o bien los abro deseando encontrarle cerca. 

           Inventarme motivos para verle ya no alcanzan… recorrer inesperadamente las calles por las que transita –con la vana esperanza de encontrarle en pleno  tropezón como quien no quiere la cosas con la absoluta convicción de andar buscándole toda- resulta de cierto modo exasperante… pero indiscutiblemente prostituir mi carácter en busca de justificaciones para acercarme dejan de ser creíbles… y estos despertares deseando encontrarle cerca se cotidianizan en la inmensidad palpable de cada madrugada en la que amanezco sin tenerle.   
     
                No se cómo… cuando… ni con que pretexto… pero del mismo modo que Benedetti, despierto deseando en plena estrategia encontrarle cerca… con la dominante convicción de que por fin me necesite. Puede que justamente al alcance de mis manos… pero encontrarle inexplicablemente ahí: despojada de ropas y atuendos… golpeando la desnudes de mi alma con cada ir y venir de esa mirada ansiosa de tragarnos a enteros. Ella… de ahogarme entre sus entrañas  tanto como yo de sumergirme entre sus brazos que arto están ya de acariciar dientes de perro en cada orilla costera. 

          Es tanto el desearle que incluso sin haberle soñado… despierto deseando encontrarle cerca… inventándome cientos de motivos… miles de historias para apreciar que la vida tiene un sentido. 

            Despertar… ducharme… salir a la calle… e inventarme historias en principio aparenta ser un buen estreno para olvidarle.  Pero solo eso… puras historias que me invento sin  lograr multiplicarle por cero. Precisamente porque no siempre la multiplicación por cero termina dando cero y del mismo modo hay quien afirma existir una regla de tres en la que no quiero… no puedo y no  me da la…

              Intento entonces romper un poco la rutina… si es que de esta forma me las ingenio para lograrlo. Comienzo a conformarme con menos de lo que merezco e intentar aliviar estas ansias a puñado de migajas. A mirarle precisamente en fotos mientras le escucho otras tantas veces en ese irritado y melódico desear encontrarle cerca. Unos son los que  miran y cayán en silencio compadeciéndose de este padecer recalcitrante… otros los que insinúan depende de mí… y esa maravillosa amiga que llega sin previo aviso -precisamente porque mis páginas son tan mías como suyas- me aconseja intentarlo.

           Total… de los cobardes no se ha escrito nada más para cuando me propongo ambicionarle son miles las siluetas que me salpican de recuerdos y otras en las que despierto deseando encontrarle cerca. Ya no aguanto más… hoy despierto dispuesto a ducharme… salir a la calle… dejar de inventarme historias y lanzarme en pleno intento de  abrazar todita La Mar.

2 comentarios:

  1. Maravilloso amigo: Qué bien, entré y encontré ese aire de tu-mi Mar que tanto bien hace por estos días de intenso calor.
    ¿Qué decirte?, espectacular como todo lo que escribes, e insisto: ¡INTÉNTALO!
    Espero más. Mis cariños...

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    1. Mis inmensos cariños igual para ti… amiga. Indiscutiblemente sí que son intensas las altas temperaturas de nuestra Cuba veraniega por estos días. Y el que la brisa logre refrescar las orillas de esta mar ya muy nuestra es verdaderamente alentador. Me alegra saber que te encanta lo que escribo… aunque ¿qué decirte? el que te resulte espectacular ya es…
      Igual no te preocupes… allá voy… a intentarlos. Que tengas un lindo día y muchas gracias por tus huellas que me mal acostumbran.

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