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martes, 15 de septiembre de 2015

Contradicciones de la edad.



            Retroactivas me llegan imágenes continuas agazapadas en la continuidad deseosa de abrazar. Sería el último apretón o más bien la sustitución de este por uno próximo.   Al fin y al cabo continuaría sumando otro más  para la restringida lista en la que por desgracia tiende a ser el último sustituido por sí mismo.   
 
                      Tenemos todos una vida en la que vivimos como protagonistas de nuestras propias historias receccionadas entre recuerdos. Recuerdos que muchas veces creemos olvidados al borde del camino o en algún viejo y estropeado baúl diseñado precisamente para recuerdos. 

                    Hasta advertir entre corizas y estornudos mientras hurgamos como quien no quiere las cosas… la existencia y magnificación de estos. Esperando justamente el melódico fluir de la sangre palpitando por las venas para comprender siempre han estado ahí. Justamente al alcance de  cada memoria… de cada latido.

                   Rememoro de chico… de pequeño revoltoso corriendo tras sus pasos. Elevando la vos por encima de los ruidos y pidiendo a Pipo –mi mejor amigo- un abrazo, unos de los grandes… de esos que no tienen punto final. Otro más… otros miles de millones.

                Llegan todos a retazos o de lo contrario la gran mayoría. Los que tocan a la puerta se asoman precisamente intactos mientras los que no, se las ingenian para en el último intento golpear con los puños la madera. A la corta o larga llegan todos… pero ninguno con suficiente valor como para huir por cobardía. 

                 Y es cuando retumban incesantemente como tambores… unos y otros… otros y ese. Memorifico sonrisas…  detalles… palabras… principios… valores… ganas de querer  y de entregarme a entero… sin límites, prejuicios ni miedo alguno a ser intenso. Aunque luego, como bien dice Mar –la chica que siempre con sus crónicas nos termina regalando un buen pedacito del suyo- me termine estrellando. Bien sabiendo que yo no haga poemas como los de antes. 

           Hoy, por ejemplo… ando a ultrajadas acariciándome esta barba que comienzo apreciar ahora que le tengo. Creo le conservo precisamente por ser lo más palpable que me queda para sumergirme entre recuerdos… para intentar alcanzar un último abrazo. Si… porque si nos remontamos  unos veinte años atrás donde aún pudiese tildárseme de imberbe, podría hasta vérseme correr estrepitosamente tras los pasos de mi mejor amigo reclamándole en un desesperante y constante “Pipo Féitame”.  Mientras él… con toda la ternura del mundo me premiaba con un abrazo. 

2 comentarios:

  1. ¡Qué lindo amigo!, ¡cuánta ternura!, pero ¿sabes? eres muy joven aún con barba y todo, y si es lo más palpable, pues no te "feites", que tu Pipo, tu mejor amigo, —esté donde esté— siempre se sentirá orgulloso de tenerte así como eres y por sobre todas las cosas estará presto a ofrecerte su abrazo, ese que te dejó y evocas con tanta dulzura. Orgulloso debe sentirse.
    Eso sí, siempre lucha por tus sueños, que se hagan realidad antes de que esa barba se torne blanquecina. Recuerda, el tiempo no tiene regreso.
    Es mejor evocar a quienes queremos y hasta a quienes no nos quisieron, pero siempre con la seguridad de que hiciste lo posible por lograrlo. no te quedes a medias y ¿sabes otra cosa?, aunque quizá te falte —en este instante— un tilín de inspiración para hacer bellos poemas, escribes y lo haces muy bien. No son solo los poemas los que hablan lindo, puedes apostar.
    Te deseo un lindo día y que esta tarde esté tan bonita como aquí, muy a pesar del calorcito que no nos deja. Recibe mis cariños y abrazos tinajoneros!!!

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    1. Cuanto placer el de llegar y encontrarme con tus huellas tan placenteras de leerme a la orilla de esta mar tan nuestra y de todo el que llega en busca de aire fresco. Concuerdo rotundamente contigo y tengo la seguridad esté donde esté mi Pipo… mi mejor amigo… estará orgulloso de lo que soy. Precisamente porque cada paso en la vida lo doy contemplando la perfección de hombre que fue y sigue siendo para mí. Porque lo que soy… lo soy gracias a él. Sin importar que llegue alguien a tildarme de intenso. Ser intenso es una de las tantas adicciones de las que no quisiera curarme... ni ahora ni nunca. Al fin y al cabo… como bien dices… lo incomprensible es quedarnos a medias con cosas y sueños por cumplir. Mis más sinceros abrazos para ti… pero estos igual de tinajeros que los tuyos con agua y el fresco de esta orilla.

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