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lunes, 23 de noviembre de 2015

Rebosados de Merengue





       Rara vez encuentros entre Real Madrid-Barcelona logran conservar la calma entre familiares y amigos. Rara y extinta porque la verdad es que no conozco de alguna. Cada enfrentamiento aparenta ser el último y del que todos esperan un triunfador y cenizas en lugar del vencido.

          Las relaciones más fuertes tienden a disiparse ante enfrentamientos donde la brisa se transforma en  vientos huracanados. Desde semanas antes del partido son muchas las predicciones de ambas partes. Una y otra que si hasta entonces eran amigos… dejarán de serlo para convertirse en el mayor de los rivales. 

            Por suerte… soy más de Juventus y vestir bianconero.

          Este sábado no estuvo excepto de reglas. Cada seguidor despertó desde temprano vestido de blanco o azulgrana dispuestos a no dejar asuntos pendientes y asegurar el poder estar sentados delante de una pantalla justamente llegado el momento del partido… o de la catarsis. Porque puede decirse que el mundo entra en shock y creo hasta deja de girar ante cada enfrentamiento entre Merengues y Culé.

            Justo a las 12:15 pm ambos clubes salían al Santiago Bernabéu a dejarlo todo por el todo en una ida trituradora. Desconcertantemente hubo quien no estuvo a la altura del otro. Un desorganizado Madrid que dejaba de ser Real para falsificarse en su propio terreno. Donde no lograba posesión de la esférica mientras optaba por el balonazo a diestra y siniestra.

         Transcurrido los primeros once minutos del partido alcanzo a divisar en las páginas del Google que ya el Barça había marcado el primer gol. Minutos después llamo por teléfono a un amigo que me comenta no podía creer aquello. Neymar aseguraba un marcador que ya estaba 2-0 en el minuto treinta y nueve de la primera mitad con pronósticos de incremento. 

           Imposible dada la distancia, pero quería ver su cara. Imagínense… un madridista –mi amigo- compartiendo sala con su hermano barcelonista. La rivalidad y el subidón de adrenalina en vena los terminaba superando. 

        Con sed insaciable de victoria el Barça se crecía deliberadamente comiendo merengue hasta por los ojos. No perdieron tiempo alguno. Salieron al campo como leones en la sabana tras su presa. Garantizando la seguridad con un portero Claudio que gracias a lo Bravo de su apellido dejó de creer en Cristiano para atajar cuanto balón aparecía entre sus tres palos.

             El tipo además de bravo… es bueno y su arco impenetrable. Hay que reconocérselo.

            El Madrid comenzaba a quedarse pequeño en un terreno que se teñía de azulgrana. Resulta imperdonable cuestionarle a Rafa Benítez el cambio de James Rodríguez por Isco y el de Marcelo Vieira por Dani Carvajal tan solo por haber disgustado a los seguidores. Seamos realistas. Aquello ya sabía a goleada y un jugador desde luego no hace un equipo.

             Menos aún para enfrentarse a un oponente que hasta cartas bajo la manga se traía. Así llegó tras varias semanas de inactividad Lionel Messi para servir en bandeja de plata la cuarta anotación para el Barça y el segundo gol para Luisito Suarez, en el minuto ochenta y seis de la segunda mitad.

            Un Luisito Suarez que fortaleció su defensa tras morder en el hombro a Chiellini en el pasado mundial contra la Vecchia Signora. Seamos realistas y apartemos la modestia en una esquina. Lo bueno es siempre bueno y además resulta contagioso.  

        Finalizado el partido las calles volvían a ser transitadas deprimentemente por quienes vestían de color blanco y otros que declarándose barcelonistas sugerían festejando a los primeros el poder cambiarse de equipo antes de la vuelta. 

              Por suerte aún hay tiempo para revanchas. Pero considerando que el Madrid se termine poniendo las pilas para crecerse ante un Barça que demostró ser de los grandes… de los que ya quedan pocos.       

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