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lunes, 7 de marzo de 2016

Desde la distancia



De Febrero ya iba quedando bien poco aunque el frío pretendiese continuar calando mis huesos. El insomnio inundando los rincones conseguía nuevamente salirse con la suya. Esta manía mía de no dormir mientras ocasionalmente siento cómo inquieta la posibilidad de que pudieses estarme pensando. 

         Me levanto harto de todo un día frente al ordenador. No recuerdo haber trabajado tanto tiempo sentado en una silla. Voy por un trago de café más la jarra que llevo en la mano me hace dudar de lo que escribo. La adicción a la cafeína podría estar haciéndome daño mientras alienta saber es un gusto que compartimos.

         Con absoluta seguridad ya todos en la casa dormían. Salgo del cuarto al mismo tiempo que en medio de tanta oscuridad tropiezo con un taburete dejado por alguien en el pasillo. ¡¡¡Maldita sea!!! El dedo pequeño de mi pie derecho siempre se las ingenia para encontrar objetos que gustan esconderse en medio de la nada.

         Por un momento lamenté la posibilidad de haber despertado a los que hasta soñando podrían estar. De repente los rincones volvieron a poblarse de silencio: un silencio insípido donde el zumbido de una abeja resultaría escandaloso. 

          Recordé que tenía un propósito antes de tropezar. Tropecé dos veces. La segunda, con la incertidumbre de no encontrar con qué rayos encender la cocina de gas para colar el buchito que comenzaba a echar en falta. Hurgar en las gavetas y armarios no sirvió de mucho. Aunque sí para tropezar, por tercera vez, con una botella de Whisky dejada desde el pasado Diciembre.

         El alcohol no es algo que llame mi atención porque de preferir me inclino por la cerveza. Pero hoy no quiero hablar de ellas. No quiero  monotematizar esta crónica que empiezo para comentarles de algo y en la que puede termine hablando de soledades.  
 
         Tras el segundo trago mi cuerpo comenzaba a entrar en calor entre iones hidroxilos bajando por el gaznate.  Decido entonces salir fuera a tomar el fresco que en sus inicios sobraba dentro. Los peldaños de la escalera son todos iguales. Pero desde siempre, he preferido sentarme en el séptimo. Tal vez porque me guste el número siete y no precisamente por la canción de Varela, aunque también. 

         Una vez fuera… ya de Febrero no debía quedar nada. Al menos eso creía hasta contemplar en  el calendario de mi teléfono celular que este año es bisiesto. En lugar de 28, este febrero tubo 29 días en mero intento de corregir el desfasaje que existe entre la duración del año trópico (365 días 5 horas 48 minutos 45.25 segundos) y el año de nuestro calendario, que tiene 365 días.   

          Hay para quienes, años como este auguran mala suerte. Y nunca mejor dicho cuando la historia se pone de su parte con vivencias como “El hundimiento del Titanic en 1912, el estallido de la Guerra Civil Española en 1936, o los asesinatos de Mahatma Gandhi en 1948; Robert Kennedy y Luther King en 1968; John Lennon en 1980 e Indira Gandhi en 1984”.

          Son solo cuestiones de creencias y supersticiones. Pero luego de un largo trago… me detengo a pensar. Yo, que no me ando con tantas pendejadas y sin llegar a conclusión alguna, reconozco estaba loco porque el mes terminase de una buena vez. Harto de ver como la Huesuda se empeñaba en llevarse más gente que de costumbre por delante. 

            (…)

         Poco a poco comencé a sentirlo todo distante. No era borrachera en medio del desconcierto, sino plena necesidad de abrazarte entre tanto silencio poblado por el crujir de los grillos y lejanos ladridos de un perro que se empeña en ladrar… puede que hasta por temor al mismísimo frío.

         Si supiera de mi botella de Whisky tal vez vendría por ella. Con gusto se la hubiese dado. Penas que ahogar en alcohol yo no tenía ninguna y para celebrar con el consumido ya era suficiente.

         Volví la mirada al frente. Recordé que la mata de naranjas de la vecina había sido cortada desde hace unas semanas. Este año los pequeños del barrio dejarían de deleitarse con el jugo de sus frutos y puede que hasta jamás conozcan que las gallinas dormían en sus ramas. 
 
           Entonces me acordé de ti. Una vez más… quiero decir. 

         La vista al horizonte resultaba del todo despejada mientras la noche estaba más clara que de costumbre. Advertí, tal vez, aun estarías con los ojos abiertos… mirando las estrellas… contemplando la luna… combatiendo las soledades… compartiendo el mismo espacio desde puntos extremos que podrían converger en algún punto, desde la distancia.

1 comentario:

  1. Amigo, no me perdono esta sorpresa!!!! Debía saberlo antes, al parecer esta bajadita de temperatura me puso perezosa para leerte, pero no es cierto, solo que esperaba alguna demora y sabes el porqué.
    Lo cierto es que esto de escribir es como un "bichito" que te ha calado y para bien.
    Verás que este año te traerá buenas cosas, y buenos olvidos, porque ¿sabes?, en ocasiones algunos olvidos son oportunos, no creas en los malos augurios.
    Como siempre te disfruté a la orilla de Tu-MiMar, esta vez renovada, diferente e indiscutiblemente bella. Te felicito, mis cariños tinajoneros y rompe-huesos!!!

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