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viernes, 1 de julio de 2016

Cuando faltan los abrazos

Cuando el mal es de extrañar no valen recuerdos gratos. Sucede cotidianamente mientras sobran las ganas de querer a una familia ausente por razones que solo el destino entiende. Tal cual… son los casos de abandono por padres irresponsables a los que poco importa el bienestar de sus hijos. Lamentablemente no todos nacen para ser felices.  

              Pocos son los ciudadanos que transitan por la carretera Habana-Melena. Ínfima es la mayoría que al pasar por el Kilómetro 5 en las afueras del Cotorro, depara en la existencia del “Hogar 6 Vías”. Inaugurado por el estado cubano desde hace aproximadamente un año, para niños sin amparo filial. 


         Cada provincia tiene el suyo propio aunque no se tenga conocimiento de ello. Particularmente en este se brinda atención diferenciada a 40 niños con edad comprendida entre los 6 y 18 años. Todos muy bien atendidos por especialistas de la Enseñanza Especial que velan por cobijarlos en un ambiente agradable, armónico y familiar. 
 
              Resulta complejo e inadmisible que el ser humano continúe cometiendo los mismos errores para con sus semejantes. Esto no solo ocurre en países del primer mundo donde privan los defectos y se carece de principios. 

          Desafortunadamente el desamparo infantil existe de una forma irracional. Niños que viven su historia como pesadilla abstracta persiguiendo sus pasos. Historias con sabor amargo y repugnante para los que llegan con el corazón entre las manos queriendo saber. Porque se preocupan… porque quieren ayudar.                                        

           Ayudar como mismo me lo propuse hace unas semanas mientras por el camino me invadían a retazos los recuerdos. La sonrisa divina de mi abuelito orgulloso de tenerme como nieto. Su lucha cotidiana velando por el bienestar de mis pulmones y un desmedido esfuerzo para que no me faltase nada, para que me sobrase el cariño. 
 
      Hallarme rodeado de bendita inocencia me hizo sentir vulnerable. La angustia retorciéndome el gaznate entre deseos de verles sonreír saturando de alegría los rincones. Hasta quise salir en busca de familias dispuestas a sintetizar melancolías brindándoles todo el afecto y la comprensión posible. 

         Aunque en la actualidad los niños no puedan ser adoptados a la ligera para evitar incongruencias entre hijos y padres adoptivos, se contempla la posibilidad de que puedan ser acogidos por Familias Sustitutas. El proceso hasta podría ser un poco más largo pero desde luego mucho menos engorroso. Donde padres e hijos tienen la posibilidad de consolidar lazos sin profundizar en compromisos legales. 

          Bastante han sufrido estas criaturas teniendo que soportar de todo un poco. Si para nosotros los mayores resulta doloroso perder a nuestros familiares… ¿Qué quedará para estos pequeños que poco entienden de razones? 

           La realidad es más cruda de lo que aparenta. Sorprende conmovedoramente conocer motivos por las que son bienvenidos en estos centros de acogida. No todos llegan porque son huérfanos de familia.  

       Hay quienes ingresan abandonados como animales a merced de la basura que han amanecido comiendo en las mañanas. Otros los que sufren malos tratos fomentados por desequilibrios mentales, dependencia alcohólica y actos delictivos cometido por sus padres. Y hasta los que –en el menor y peor de los casos- no pueden borrar de la memoria la imagen de su madre despedazada a puñaladas por el marido que nunca les quiso.    
       
          Vivimos en una sociedad lastimosa que no está libre de pecado. Pero la culpa no es de los infantes. Indiscutiblemente son inocentes. A nadie pusieron entre la espada y la pared para que les trajesen a este mundo. Ellos no pidieron nacer. Pero si ya están aquí hay que cuidarles de la mejor forma posible… porque siguen siendo la esperanza del mundo.
 
       Solo basta mirarles de frente para que se nos desmoronen las entrañas en mera acción de reciprocidad. De algún modo sienten la forma en  que se les siente cuando están cerca para cuando la nostalgia consigue llegar inoportunamente estrujándoles el alma. Inocencia divina la que reflejan sus ojos inundados de lágrimas porque la vida les ha jugado una mala pasada.



     

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