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lunes, 4 de julio de 2016

Haciendo ciencia rumbo al Pico Turquino




      La idea de subir al Pico Turquino revoluciona las hormonas de disímiles jóvenes ansiosos por conocer de cerca nuestra historia. Andar sobre senderos trillados por la rabia vistiendo color verde olivo en busca de soberana libertad, incita a voltear orgullosos de vivir en esta tierra. 

 Cada año son cientos los cubanos y otros tantos extranjeros que se aventuran rumbo a la elevación más alta que tiene Cuba. La meta es invariable: 1974 metros de altura sobre el nivel del mar y situado en el corazón de la Sierra Maestra, al oriente de la isla. 

Desde el pasado 2014 un grupo de investigadores del Centro de Inmunología Molecular (CIM) ha dejado de conformarse con solo hacer ciencia. Gracias al espíritu de guerrilla latente en las arterias de nosotros los cubanos, decidieron aglutinar gustos y preferencias en la práctica del senderismo. Excelente iniciativa para endulzar el alma y limar asperezas. 

Así surge la idea. Entre tantos sitios por visitar resultaría imperdonable escoger otro que no fuese el seleccionado por el Ejército Rebelde en el año 1957 para derrocar al gobierno de Fulgencio Batista. "Porque la experiencia es única e insuperable", declara Liset Martín. Pese a las condiciones climáticas logra cada individuo por sus propias fuerzas superarse a sí mismo. Mientras crece deliberadamente la admiración y respeto por jóvenes que en un ayer sacrificaron tanto por un ideal. 

 La propuesta fue lanzada por la secretaria general de la UJC del CIM, Karina García. De inmediato comenzaron a llegarle solicitudes por vía e-mails. Por esos días no quería involucrarme como tampoco quisiera hacerlo en estos momentos. Pero resultaba imposible abstraerme del contexto. Solo tenía claro una cosa: yo no podía faltar. 

En un comienzo pocos se preocupaban por la complejidad de la travesía. Unos eran los que se alistaban por primera vez deseando cumplir un sueño o saldar deudas de algún pasado incierto. Otros los que esperaban regresar en busca de recuerdos y nuevas experiencias. Hasta hubo quienes llegaron arrastrados por la fuerza del amor a su pareja.

El viaje duraría toda una semana ascendiendo por la provincia de Granma. Tiempo suficiente para recorrer cada rinconcito como si fuese el último. El sábado en la tarde estaban todos puntualmente en el parque Mariana Grajales, ubicado en 25 y C, Vedado. La guagua salió en tiempo hasta Bartolomé Masó, en Bayamo. Ahí nos estaría esperando un trasbordo.  

Más de doce horas de incómodo viaje lograban sintetizarse en un ambiente donde el insomnio apenas dejaba dormir. La noche fue todo un dilema. Eran tantos los deseos de llegar que entre canciones de todos los tiempos y botella de Whisky nos terminaba sorprendiendo el amanecer antes de lo esperado.

Sobre las 10:00am estábamos todos listos para continuar el viaje. Esperábamos sentados en el parque Bartolomé Masó la llegada del camión. Resultó conveniente para entonces salir en una guagua Girón a intersectarle por el camino porque el vehículo demoraba en llegar. 


El recorrido es bastante complejo. Por suerte la compactación del personal que viajaba dirección al pueblo aislaba con engañosa relatividad el grado de inclinación de la carretera por la que circulábamos. Una pendiente que supera los 45 grados de inclinación y pone los pelos de punta a todo el que intenta contemplar el paisaje con proporcionalidad directa a la avanzada. 

 Llegado el camión al campamento de pioneros en Santo Domingo todo comenzó a sabernos diferente: el aire puro habitando los pulmones, la humildad del guajiro que se ofende si se intenta retribuir con dinero cualquier gesto que pudiesen tener con los que llegan de visita, el agua cristalina del río, el silencio inundando de paz el ambiente… todo. 

Aquella tarde solo quedaba descansar un poco mientras unos se acomodaban en la barraca o en tiendas de campañas y el resto llegaba hasta las orillas del río para refrescar del viaje. Había que recuperar fuerzas. La expedición estaba algo cansada aunque decidida a como diese lugar.  

Involuntariamente a la mañana siguiente cada quien se levantaba antes de lo previsto. Transcurrido varios minutos destinados al desayuno se puso en marcha la tropa rumbo a la Comunidad la Platica. 

  
El paso marcado era controlado por un grupo de retaguardia encargado de recoger a cuanto rezagado se encontrase por el camino. La carretera de Altos del Naranjo conseguía sacarnos los sumos para cuando logramos llegar sin inconvenientes de por medio. Salvo quienes decidieron no desayunar y donde desde luego los sudores fríos precedieron a la fatiga que por suerte no les llevo al desmayo. 

Luego de una tregua y respectiva coordinación con el guía, se decide desviar la marcha en dirección a la Comandancia de la Plata. La programación tenía prevista dos acampadas antes de comenzar el ascenso al Pico. La primera sería en la Comunidad de la Platica. De donde saldríamos a las cinco de la madrugada siguiente rumbo a la Aguada de Joaquín. 


          Aquella madrugada llegaba un fresco olor a lluvia que anunciaba agua en las cercanías. Transcurrido un cuarto de hora entre el resplandor de las linternas y la oscuridad de la noche, nos sorprendió un diluvio que diezmaba la fuerza física porque la de voluntad seguía intacta. Como decimos nosotros los cubanos: “Qué clase palo de agua”. 

Bajo condiciones adversas se estuvo caminando como hasta las 9:30am. Más de cuatro horas pisoteando entre el fango y ramas caídas de los árboles. Situación estresante que desequilibraba la fuerza de voluntad que blandía el espíritu de los que se imponían al contratiempo temporal.


        El respeto a nuestros héroes nos impedía flaquear. Más aun cuando entre acontecimientos históricos relatados por el guía: Alvarez, intentábamos formularnos la silueta rebelde del cubano de todos los tiempos. Escapar de los bombardeos durante la Guerra de Liberación Nacional no era cosa de juegos.

Durante la subida se llevaba un paso bastante agitado. Suficiente como para permitirme llegar entre los primeros, dejar la mochila que llevaba conmigo y regresar parte del camino a contemplar el paisaje que habíamos dejado atrás. 

Ese día la retaguardia demoró bastante en incorporarse. El bajar y subir constantemente los escalones –formados por la corteza terrestre y las raíces de los árboles- debilitaba la fuerza de niños acompañados por sus madres entre otros que tampoco lograban avanzar. Inmensa labor la de hombres que aplazaron sus deseos de llegar porque la prioridad comenzaba a ser desplazada por la amistad y los valor humanos. 

Nunca antes los músculos les habían jugado tan mala pasada.

Poco a poco los 39 expedicionarios lograban superar los 8 Kilómetros hasta llegar a la Aguada de Joaquín. Los rostros lucían cansados pero enorgullecidos de estar donde estaban. Aquella tarde por consenso unánime se abortó la idea de continuar hasta la mismísima cima. La llovizna continuaba molestando como de costumbre y las condiciones del terreno no eran las mejores. 

Habría que esperar hasta la mañana siguiente para continuar con el ascenso. Momentáneamente solo quedaba descansar del equipaje al que por mucho que se le sacase por el camino continuaba pesando igual. Porque desde luego: no faltaron los que se comieron gran parte de los suministros y hasta los que votaron el agua para aliviar la carga. 

Las bajas temperaturas no tardaron en hacer de las suyas. Tanta era la humedad que faltando tres o cuatro horas para el anochecer algunos comenzaban a plantearse la posibilidad de posponer el baño hasta regresar a LA Habana. Los que se atrevían lo hacían tiritando de frío mientras no faltó palabrota hasta en boca que jamás las diría.

Durante la comida siempre hubo quien se propuso repetir. Esta vez el cansancio no dio margen para ello. La gran mayoría solo quería terminar cuanto antes para irse a dormir tras la reunión que se efectuaría para definir condiciones de viaje en el tramo restante. Ya poco les importaban los ratones y el típico olor del guerrillero en la manigua. 

Como última conclusión durante la reunión se contempló que lamentablemente no todos los presentes estaban en condiciones para continuar ascendiendo. Haber llegado hasta la Aguada era un gran mérito para los que se lanzaban de mochileros por primera vez. Pero reconocían las condiciones físicas en las que se encontraban. Sabían que el esfuerzo sería superando con creces y prefirieron no arriesgar. 

          Tampoco faltaron los que se cuadraron en tres y dos porque a nosotros nadie nos quita lo bailado. Se viajó hasta Granma con un objetivo y poco importaba que en ello les fuese la vida. Muchos tuvieron siempre claro cuál era la meta. “Porque de lo contrario… cuando –se decían entre los presentes- regrese y el cansancio se haya marchado… con qué cara me miro al espejo?” 

 A la 4:00 de la madrugada comenzaba las alarmas de los teléfonos móviles a sonar. Muchos ya estaban despiertos para entonces. No porque quisiesen sino porque en el peor de los casos el frío no les dejaba dormir. Fuera de la cabaña era insoportable permanecer. Recuerdo hubo un momento en el que los hombres salimos para que las mujeres pudiesen cambiarse y tuvimos que regresar de inmediato en busca de colchas para taparnos. 

Una hora fue suficiente para dejarlo todo recogido. Según lo acordado la noche anterior  debíamos salir a las 5:00am rumbo a la mayor de las cimas. Era nuestro tercer día de viaje y el más complejo de todos. Había que llegar al Turquino para luego bajar hasta el campamento de pioneros.  Convencida estaba la tropa de permanecer caminando más de doce horas sin intervalo de descanso alguno. Se tenía programado recorrer en un solo día mucho más que la distancia recorrida en los últimos dos días.

Tras ingerir el último sorbo de leche del desayuno el primer paso no se hizo esperar. Todos con linterna en mano se alistaban sin preámbulos de por medio. Con la esperanza de disfrutar de las mejores vistas a primeras horas del amanecer se aventuraba cada cimeño sin la mera intención de recordar haber estado cansado.
           
La noche anterior no había cesado de llover. El terreno no podía estar en peores condiciones aunque ya poco importase el fango. Cada vez estábamos más cerca y saberlo incitaba a seguir adelante.

Podía apreciarse el vigor con el que tras recorrer el Paso de Los Monos continuaba la tropa caminando con paso firme. De cuando en vez con intervalos de tiempos bien distantes se paraba para tomar un poco de agua. En algún que otro momento hasta hubo quien se detuvo para esperar a los demás mientras descansaba un poco. 
 
Por fin uno de los momentos más esperado. Delante de nuestros ojos una inmensa piedra desde la que puede apreciarse todo el litoral. Maravillosa vista. Llegó el momento en el que todos quisieron hacerse fotos aunque desde luego no era el primero ni tampoco el último. Cada vez faltaba menos. Ya nada podría intervenir entre jóvenes científicos que sueñan con hacer imposibles.

Al llegar no es menos cierto que no hay disfrute paisajístico alguno. Más de seguro tampoco hay algo que reconforte tanto como alcanzar victoriosos la cima, guiados por nuestras propias piernas frente al Martí que nos recuerda desde su tan preciado legado que “Subir montañas hermana hombres”. Porque tras haber subido… ya nada era igual. Todos habían cambiado. 








 




















6 comentarios:

  1. Amigo, siempre me sorprendes, ¿sabes algo?, esa es una asignatura que me quedó pendiente y de hecho desaprobada. Nunca fui al Turquino, qué pena, me perdí algo muy especial, pero ya no puedo.
    Pero, ¿sabes otra cosa?, me hiciste sentir parte de ese grupo, de esos investigadores del Centro de Inmunología Molecular (CIM) que ahora, como dices, cambiaron, y te aseguro son mejores.
    ¿Y sabes otra cosa?, como una suerte de magia me parece encontrarme en esa, la última foto, ¿será?
    Mis abrazos y besitos tinajoneros, y te digo, no descanses, aprovecha toda esa juventud y deseo de conocer, ¿después?, que te quiten lo baila'o!!!!!!

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    1. Sorpresa inmensamente grata la que encuentro cuando de regreso a esta orilla alcanzo a divisar tus huellas desde la distancia. Claro que puedes contemplarte en la última foto en la que todos logran con una sonrisa en el rostro despojar la instantánea del cansancio que nos acompañaba.
      Una lástima que no lo hayas podido vivir en carne propia. Pero igual no importa… si te sentiste parte de la aventura es razón suficiente como para que puedas especular de haber subido con nosotros: haciendo ciencia. Abrazos miles rompe-huesos desde esta orilla tan nuestra.

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  2. Sorpresa la mía al ver que ya estás de nuevo con tus comentarios, me encantó eso y lo que me dices, como siempre, eso no es novedad.
    Gracias por la acogida en ese grupo tan especial.
    Te deseo un maravilloso fin de semana, y otro abrazo rompe-huesos para ti.
    Falta que hace la brisa de la Orilla de Tu-MiMar, el calor está horrendo!!!!

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    1. Gracias miles por tus palabras amiga. Hasta yo ando medio sorprendido de poder responder a los comentarios. Te confieso pensé en un comienzo que necesitaría esperar un poco más hasta que pasase el error. Ahora mismo… salgo en busca de tus crónicas con final no anunciado. Pude ver como quien no quiere las cosas que ya traes de la mano a la inspiración sin deseo alguno de dejarle escapar. Es bueno tenerte de regreso. Un fuerte abrazo desde esta orilla. Un lindo fin de semanas igual para ti…

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  3. Muy bueno. Nos veremos en alguna de estas montañas.
    Un amigo parapentista holguinero, Juan Suarez, subió el Turquino con un parapente a cuestas para despegar de allí. No lo logró por las condiciones meteorológicas, pero fué un gran suceso. Luego despegó desde el Pico Cuba siendo el vuelo realizado despegando desde el punto más alto en Cuba. Esa es una historia aun no publicada. En algún momento la tendremos en http://parapentemoa.cubava.cu/

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    1. Desde luego bien que podríamos tropezarnos el día menos pensado. Sucede a menudo cuando nos atrincheramos con nuestra historia como quien no quiere las cosas. En Octubre próximo el Movimiento Cubano de Excursionismo pretende subir con la mera intención de reunir jóvenes y otros no tanto de toda la isla, en busca de un mismo sueño. Podrían sumarse… tal vez las condiciones ambientales sean las propicias y este amigo del que me hablas pueda ajustar cuentas pasadas. Ahorita me paso por tu blog. Cosas buenas pretendo encontrar por allá. Gracias por la huella.

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