http://alaorilladelmaar.blogspot.com/2014/10/por-que-la-orilla-del-mar.html

jueves, 8 de septiembre de 2016

Séptima acampada del MEC: Pan de Guajaibón



       Cuando se trata de hacer historia llegan los cubanos marcando ritmo a paso doble corto. No porque se lo hayan propuesto de antemano sino porque les nace de corazón. Oportunas casualidades generan compromiso. Compromiso con esta patria que incita a las ganas de hacer y sabernos hechos de savia materia para con nosotros mismos. 
        
            Faltando apenas una hora para salir rumbo al Pan de Guajaibón, se juntan de a poco 143 expedicionarios para sorprender las expectativas del Movimiento de Excursionismo Cubano. Contemplando la séptima acampada del grupo se concertó el encuentro a las 6:00pm del pasado viernes 2 de septiembre, debajo del puente ubicado en 100 y Autopista.
          
          Nuevamente se fusionaban facultades universitarias, trabajadores del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnológica (CIGB) y del Centro de Inmunología Molecular (CIM) junto a guerrilleros del Teen UH, Mal Nombre y Camping Cuba. Esta vez contra fenómenos atmosféricos para  rendir eterno homenaje al 90 aniversario de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.


… recordemos que nunca es tarde si la dicha es buena

          Pasada las siete de la noche revolucionaban los pistones de dos camiones reservados para el viaje. Por fin se siente girar hacia adelante los trescientos sesenta grados de la primera circunferencia. Ya estábamos sobre ruedas. Solo faltaba esperar unas cuatro horas de marcha que se iban tal cual llegaban entre conversaciones, bromas y un excesivo repertorio de canciones que abarcaba todos los géneros habidos y por haber. 
          
           Llegar hasta la provincia de Artemisa fue el comienzo de la gran travesía. Para entonces solo quedaba armar las casas de campaña en donde pasaríamos la noche hasta el día siguiente. A primeras horas de la mañana el de pie no se haría esperar. Resultaba necesario aprovechar cada minuto como si fuese el último para aislarnos de una caminata (12 Kilómetros) bajo plena luz del mediodía.

      
          Poca fue la distancia recorrida por carretera puesto que nuestro destino era hermanar hombres. Una vez enfilados dirección a la elevación montañosa más alta de la zona occidental de Cuba las condiciones desfavorecían el andar. Dada las excesivas precipitaciones el camino se encontraba en muy mal estado. 

         El agua se encharcaba en huellas de animales que nos frenaban el paso mientras se colaba el fango entre las rendijas de tenis y botas viejas. El pesado equipaje se encargaba de hundir a varios en la espesura del barro. Siempre hubo quien salió descalzo y tuvo que regresar en busca de su calzado. De ellos: algunos con posibles soluciones, otros… irreparables.


         Sobre la marcha el cansancio insistía constantemente en apoderarse de los presentes. Pero cuando reinan las ganas de hacer cualquier pretexto es válido para echar pa´lante. Dos fueron los descansos en donde se aprovecharon algunos minutos para tomar agua y comer algún energético: caramelo, chocolate o trozo de maní molido.

            De cuando en vez aparecía algún riachuelo en donde refrescarnos el rostro. Siempre hubo quien creyó conveniente dejar las cosas a un lado para darse un buen chapuzón. Reconozco haber sentido envidia. De no haber andado con la Réflex hubiese sido sin duda uno más dentro de aquella agua cristalina y fresca.


           Alrededor de la 1:00pm estábamos todos en la base del Pan, a solo 699 metros de la cima.

         Dada las elevadas temperaturas y lo tarde que pudiese hacérsenos el regreso encontramos conveniente armar las tiendas en donde dejaríamos las pertenencias antes de subir. Todo estaba seguro en aquel lugar donde la humildad del guajiro le impide apropiarse de la cosecha labrada por manos ajenas a las suyas.

         Tras una merienda preparada por las muchachas el Teen UH y un breve descanso comenzamos a ascender con las mismas energías que salimos desde La Habana. Por recorrer quedaban solo cuatro quilómetros bordeando la montaña hasta llegar a la cúspide. Donde gobierna un busto del Titán de Bronce subido por el grupo espeleológico Origen junto a otros jóvenes intelectuales desde el 6 de diciembre de 2006.


         Por el camino se precipitaban los pasos de una guerrilla que vive inmortalizando la historia. Niños acompañados por sus padres, adolescentes, jóvenes y otros más experimentados lograban llegar justo antes de lo previsto. Una marcha acelerada que nos dejaba sin aliento pero que reconfortaba el alma mientras nos imponíamos el reto. 


        Nos trazamos la meta de llegar con 90 piedras entre los 5 y 10 centímetros de tamaño que fueron pintadas con los colores de nuestra bandera y dejamos ordenadas como quien escribe el nombre de nuestro líder revolucionario. Quien recorrió de joven cada uno de los senderos siendo alumno del colegio de los Jesuitas. 

  
            La tiradera no podía faltar en todo aquello. Mientras unos pintaban otros se encargaban de trocear algunas barras de maní molido que fueron compartidas con los presentes. Luego llegaron las fotos entre el asombro –por la hermosa vista- que nunca merma pese al número de veces que hayamos subido.

 
           Las manecillas del reloj continuaban girando. El sol sintió la necesidad de ponerse por lo que la inmensa mayoría decidió descender en tiempo para evitar que  les cogiese la noche por el camino. Pocos eran los que faltaban por bajar. En realidad dos excelentes e insustituibles amigos (Madelín Ramírez y Reno Massola) con los que quería congelar el instante y varios muchachos del grupo que decidieron esperarnos para regresar de últimos.

           Poco nos importaba la oscuridad de la noche. Era algo que desde un comienzo tuvimos previsto y por lo cual decidimos llevar frontales. Las condiciones del camino habían cambiado. Ya no era el trillo que recorrimos de ida sino una canal que gran parte de la tropa había formado mientras bajaba de nalgas para evitar caídas innecesarias. 

       Aun así descendíamos con prisa. Un excelente paso que hemos ganado con la experiencia de guerrilla. Insospechadamente nos vimos obligados aflojar. Antes de llegar a la mitad del trayecto por recorrer nos encontramos con un rezagado del CIGB vencido por la fatiga e inseguro de sus propios pasos. 

         De repente nos convertimos en la retaguardia de la expedición. Regresábamos a pasos entrecortados que agotaban desesperadamente entre la sed que nos invadía. Pero teníamos que descender como grupo y eso hicimos hasta que fuimos auxiliados con un trago del preciado líquido. Tardamos un poco hasta llegar.

         Al final del camino nos esperaba con un pomo de agua el esposo de Made, Roberto Morejón: un excelente amigo a quien tengo la inmensa dicha de conocer. El cansancio premiaba el orgullo de habernos impuesto a nuestros propios límites. El cansancio de haber llegado… de haber subido… era nuestra recompensa. 

         A esa hora urgía un río en el que pudiésemos refrescar mientras el grupo destinado a cocinar se encontraba preparando unos deliciosos espaguetis que comimos al regreso. Pocas eran las energías que nos fueron quedando. A medidas que avanzaba el tiempo los presentes decidieron acostarse hasta la mañana del domingo. Teníamos para entonces planificado el regreso que continuaba siendo fuerte. Debíamos descansar.

         Las alarmas de los teléfonos móviles fueron todas apagadas. Teníamos la posibilidad de dormir algunos minutos más. El sueño se hizo intenso aunque no faltaron los que prefirieron continuar despiertos. Hay quienes dicen que eran las tres de la mañana y continuaban despiertos.

         Al amanecer ya el desayuno estaba preparado. Dos galletas con guayaba y un vaso de refresco tenían la responsabilidad de levantar en pie las energías que nos iban quedando. De súbito se recogieron las tiendas mientras se alistaban los presentes. Siempre hubo algo de tibieza pero no la suficiente como para que demorásemos en salir del campamento. 

      Los pasos de regreso fluctuaban según sus responsables. Unos excesivamente cansados pero todos deseosos de regresar. Muchos de los presentes tenían que comenzar al amanecer del lunes el nuevo curso escolar. Sobre la marcha de cuando en vez se descansaban algunos minutos para continuar hasta la carretera en donde nos recogerían los camiones.


        Ahí nos concentramos todos a medida que íbamos llegando. A la derecha del camino encontramos la casa de unos guajiros de la zona a la que nos acercamos para pedirles un poco de agua que tomar y con la que pudiésemos preparar un paquete de refresco. Aun nos quedaban algunas barras de maní que compartimos entre todos. Porque desde luego… cada vez que salimos nos lo compartimos todo. 


         Faltando poco para que llegase la vanguardia alguien advirtió faltaba un grupo de personas que andaba perdida por tomar el camino equivocado. Cuando contaron los presentes faltaban 15 miembros. Obviamente, los perdidos. Poco importó que el camino a seguir fuese evidente. Aún hay quienes no logran orientarse por evidente que resulte el sendero. 
           Pese a la mala cobertura de los celulares pudimos establecer contacto y ubicarlos en la dirección correcta. Nos quedaba esperar que llegaran. Pero esperar a fin de cuentas termina desesperando a quienes esperábamos. Preferimos entonces aprovechar el tiempo jugando voleibol cuando otros preferían permanecer tendidos sobre el suelo.

       Cuando menos lo esperábamos Made y Adriana nos recordaban haber traído café instantáneo al mismo tiempo que sugerían prepararlo. Cuando se habla de café entre tantos profesionales la resistencia termina siendo absurda. A por un buen café fuimos varios de los presentes del grupo Camping Cuba junto a Alejo, del CIGB. Dos ladrillos, unas ramitas cecas, un poco de alcohol y algún que otro fósforo fueron suficientes para ver el fuego arder. El agua no tardó tanto en hervir. El café vietnamita se disolvió de forma sorprendente para cuando decidimos salir a ofrecer un pequeño sorbo entre todos los que permanecíamos a la espera.


         Poco después llegaban los extraviados escondiendo el rostro para evitar bromas de algunos que nunca creyeron posible se hubiesen perdido. A buscar las mochilas fueron todos ansiosos por llegar. Los camiones ya estaban a la espera. Las nubes cargadas amenazaban con llover mientras el camino de regreso prometía más aventuras entre buenos y viejos amigos que se dejan la piel en cada vivencia. 




2 comentarios:

  1. Hola amigo, no me perdono la demora en entrar a la Orilla de Tu-Mi-Mar, pero aquí estoy feliz con tus historias, tan verdaderas como tú. Aprovecha esa juventud que no cree en si es de noche o de día, en si va a llover o hay sol, además, se despoja del cansancio en un abrir y cerrar de ojos; solo materializa todas esas aventuras que te llevan a conocer sitios insospechados y también a fortalecer y crear nuevas amistades, eso es lindo, incluso, hay quienes decimos (porque a veces así pienso), ahora no son tan reales, y créeme siempre las necesitamos.
    Me hiciste saliera en mí un poquitín de chovinismo, ja ja ja, el día que pruebes el maní Roselló, tan camagüeyano como yo, no vas a querer otro. Ya lo sabes, mis abrazos y cariños tinajoneros...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca es tarde si la dicha es buena… tan buena como estas huellas tuyas que me dejas cada vez que te pasas por esta orilla tan de todos… particularmente tuya. Para descansar siempre tendremos tiempo. Estos son solo momentos para imponernos a nuestro destino mientras disfrutamos de todo lo bueno con lo que nos podemos tropezar en la vida y hacer nuevas amistades. Aunque no todas contemplen el concepto en su extrema dimensión. Los falsos no saben lo que se pierden. Los buenos son los verdaderos!!! Los que escasean pero aún existen. Porque seguro estoy no eres un reflejo… porque seguro estoy hay otros varios deseosos de abrazar sinceramente. Un fuerte abrazo amiga… desde esta orilla en la que creo oler ese maní que algún tendré que probar…

      Eliminar