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martes, 21 de febrero de 2017

Retórica imperfecta



Intentar poner punto final sin margen a puntos suspensivos pudo no haber sido su mejor opción. Dar la espalda nunca quiso y decir adiós jamás le había dolido tanto. Lamentó no haberse despedido del pequeño que en poco tiempo se hizo gigante entre sus manos, lamentó haberle dejado la despedida por encargo.

         Aún recuerda la imagen de tu rostro, cara al pasillo donde volteó para mirarte. Despojada de cosméticos… deslumbrantemente tú. Con esa mirada tan profunda que enamora alimentando hasta los muertos, incitándoles a querer sobrevivir. 

          Un media vuelta imperativo ordenado para consigo mismo. Ahí estaban esos tiernos ojazos color café que ocasionalmente el sol te obliga a camuflar tras unas gafas. Pudo apreciar brillaban con luz propia. Esta vez deseosos por gritar: no te vayas!!! Más con toda la firmeza del mundo, permanecías sin balbucear una palabra. 

        Él continuaba justamente enfrente y sin saber qué hacer. La barrera que implantabas le decía estás sobrando, los deseos de escucharte le rogaban esperar. Intentó para entonces quererse más a mí mismo… y eso hizo. 

         Dijo adiós para luego escribir pidiéndote no creas en aquel falso abandono que ya ni él mismo se cree. Precisamente porque vive echándote de menos, echándose de menos cuando estaba contigo. No mientras se besaban… aunque también. Sino mientras caminaban juntos bajo la luz de la luna, cuando sentían crispar tu trago contra la botella del suyo para brindar por ti… por él… por el peque… por ustedes como un todo. 

         Y hasta cuando se te aglomeran las historias, tus anécdotas en la garganta porque los nervios tocaban a la puerta sin anunciarte los buenos días. Qué bien le sabían tus palabras, tus chistes, tu portazo de armario en su frente, tus batidos de café con grumos y hielito frappe. Ahora lo continúa tomando en las mañanas, pero si son contigo mejor. Sin ti… me comenta que no le saben igual.

      Aquella tarde pudo sentir el mundo viniéndosele encima tras cada paso que daba distanciándose de la puerta. De tu puerta. Porque tú de él continuabas tan cerca… o bien distante a la vez. Hasta pudo sentir cómo mediaba entre ustedes una recta numérica con tendencia a desplazarse en sentido contrario, o tan solo un abrazo. 

      Los vecinos, tus vecinos por cierto, le miraban sorprendidos mientras creyó se preguntaban: ¿y ahora este loco por qué baja por las escaleras desde un decimosegundo piso cuando existe un ascensor que igual desciende en su debido momento? 

        Mientras bajaba con toda la paciencia del mundo cada peldaño lo hacía con la ilusión de que aparecieses al siguiente. Nunca lo hiciste. Tras haber cerrado la puerta quedaste dentro… él fuera. Tus labios se empeñaban en continuar condenándole al silencio. 

         Esos labios tuyos. ¿¡Cómo olvidar el sabor de tus labios!? Eso sí… no le pidas definirlo. No quiere ser absoluto y para ello tendría que serlo. Tus besos le saben a vida y deseos miles de vivirla. 

        Para entonces no sabía qué esperabas. Tal vez hoy jamás lo sepa aunque se empeñe entretejiendo alguna que otra puntada. En cambio… él no esperaba nada. Hace tiempo dejó de esperar precisamente porque esperar duele. Le bastaba solo contigo. Sabiéndote bien… contenta... ambicionando despertar juntos alguna que otra mañana. 

         Pudiste verle loma abajo montando una bicicleta sin frenos. Solo quería llegar y mirar desde lejos al mundo pero contigo. Recuerda en nuestro país usamos hasta los pies para no largar los dientes. Eso sí… iba desnudo… sin reservas. 

        Igual si lo deseabas bien puedo volver a subir la loma... vestirse… reservarse… ponerle frenos a la bici y bajar contigo montándote en la parrilla, mirando el mundo de lejos o de cerca, como hubieses preferido…

         Vivir el uno en la historia del otro durante el tiempo que lo hicieron resultó genial. Querer… hubiese querido fuese mucho más tiempo. No entiende ahora por qué todo lo pueblas de silencio en el que no logra encontrarte ni encontrarse a sí mismo. O más bien… en el que no se dejan encontrar.

       Razón pudieses haber encontrado alguna para intentar borrar tus huellas y hasta desconectar el chat de tu Facebook. Incierta o no es tu razón. Sea cual fuese él la respeta. Es tu decisión y tiene que aprender a vivir con ella.

         Pero no le condenes al silencio. No tiren al vacío lo bien que un día llegaron a sentirse estando juntos. No priven a la humanidad del inmenso placer de envidiarles cuando caminaban por las calles… por los montes… y sin motivos se morían de risa o se mataban sin motivos a tontadas para reírse. No se priven de palabras ni se condenen al silencio. 

         Con lo tanto que le gustan las palabras y hoy tú se las niegas todas. No creo merezcan terminar así con algo tan original que comenzó desde… e impulsaste con tu invitación a tomar un café. De seguro siguen siendo ustedes los mismos de antes. Tú la chica atrevida sin temor al qué dirán… él el tipo duro que escribe versos, escucha a Sabina mientras admira el árbol genealógico de los Aureliano Buen Día en el poblado de Macondo  y flaquea cuando le miras de frente deseando te atrevas. Nada ha cambiado.

       Pudieron ser y dejar de ser lo que tú quisieses. Hoy no flaquea ni tampoco desea hacerte creer que están firmando un tratado de paz porque se rinde. -tal cual Sabina: “Prefiere la guerra contigo a un invierno sin ti.”  Esto es solo una tregua en la que mientras firman, pueden salir a tomarse otro café, conversar como hace rato no hacen y hasta dejar de hablar de ustedes para ocuparse de cosas menos serias.

         Hasta pueden intentar ser los amigos que nunca fueron ni llegarán a ser porque no se puede. A largo plazo pudiesen tener mucho por hacer. A corto bien pueden comenzar tirando abajo este muro en el que se bloquean las palabras… los saludos… y la posibilidad de continuar haciendo cosas juntos como los amigos que nunca fueron ni llegarán a ser porque no se puede… 

2 comentarios:

  1. Adanys, no, no lo creas, no te he olvidado, solo algunos obstáculos me mantuvieron alejada más de lo que la geografía consigue. Mucho extrañé esta Orilla de Tu-MiMar, sabes que por estos lares no tengo ese beneficio, y ahora la encuentro con otro look. Está lindo.
    Tu post, como siempre, genial. ¿Sé algo de esa historia?
    Mis abrazos como los tuyos rompe-huesos, también los de los míos, un beso grande...
    Espero pases un marivilloso fin de semana

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    1. …sé que siempre has estado porque no conocemos de olvido. Lástima esos obstáculos que te han mantenido distante de esta orilla tan tuya. Es bueno saber que te gusta el new look. Espero que ya estés mejor mientras te agradezco por llegarte nada más encontrar el chance. Ya andaba extrañando tus huellas y post desde esas Crónicas tuyas con final por anunciar. La historia claro que la conoces. De cuando en vez hay quienes entre puntadas experimentan vivencias semejantes que sustentan esta retorica imperfecta. Besos y fuertes abrazos rompe huesos para todos los tuyos desde esta orilla a la que tanto bien le hace el frescor de tus tinajones.
      Que tengas igual un excelente fin de semanas lleno de cosas buenas todas.

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